Hay rutas que se recorren por sus paisajes y otras que también se descubren con los sentidos. En la zona montañosa de Portuguesa, el camino del café conduce hacia Biscucuy, en el municipio Sucre, y Chabasquén, en el municipio Unda, dos localidades vinculadas históricamente con uno de los cultivos que mejor identifica a las tierras altas del estado.
El recorrido comienza a cambiar a medida que se deja atrás el paisaje más llano de Portuguesa. Las montañas, los cafetales y los árboles que proporcionan sombra forman parte del entorno de las comunidades productoras. Allí, el café crece integrado a un paisaje rural en el que también aparecen cultivos como cambur y aguacate, utilizados dentro de los sistemas agrícolas de la zona.

Biscucuy ocupa un lugar particular en esta historia. El municipio fue escenario de un programa de desarrollo local documentado por CAF bajo el nombre Café grano de oro de Biscucuy. Un programa de desarrollo local con talla internacional. El proyecto buscó mejorar el cultivo, los rendimientos, el procesamiento y la comercialización del grano, además de capacitar a los productores en prácticas vinculadas con el café de especialidad.
Uno de los elementos que caracteriza las fincas de esta zona es el cultivo bajo sombra. El estudio de CAF documenta el uso tradicional del bucare y la incorporación de otras especies, como cambur y aguacate, dentro de los cafetales. Para quien visita la región, esta característica transforma el recorrido por las fincas en una experiencia distinta a la de una plantación abierta: el café crece protegido por un sistema vegetal que forma parte del propio paisaje.

La visita también permite entender que una taza de café comienza mucho antes de llegar a una mesa. La recolección del fruto, la selección de las cerezas, el despulpado, la fermentación y el secado son etapas que influyen en el resultado final. El programa desarrollado en Biscucuy puso precisamente atención en estos procesos y en la capacitación de los productores.


El camino hacia Chabasquén conduce a otro escenario de la caficultura portugueseña. En el municipio Unda, el cultivo forma parte de la economía de las comunidades de montaña y también ha despertado el interés de especialistas. En 2022, el maestro tostador y catador internacional Raúl Martínez se refirió al café producido en Chabasquén en declaraciones difundidas por Minuta Agropecuaria.
Más allá de las valoraciones de los catadores, el café portugueseño ha comenzado a ganar espacio en los circuitos de especialidad. En 2026, cuatro lotes producidos en Portuguesa clasificaron a la ronda nacional del V Encuentro Internacional de Cafés de Especialidad Venezolano (EICEV), entre 51 muestras seleccionadas para esta etapa.
Los lotes correspondieron a Buerno Durán Afines, de Hacienda Barulio 23; José Sutera, de Hacienda Monte Vago; y Richard Algomeda, de Hacienda El Rodeo, quien consiguió dos clasificaciones. Las muestras incluyeron diferentes variedades y procesos, entre ellos Monte Claro-Typica lavado, Catimor natural, Castillo natural y Monte Claro lavado.
Para el visitante, sin embargo, la ruta no termina en una competencia ni en una ficha de catación. Está en caminar entre los cafetales, conocer las fincas, observar cómo se recoge el fruto y entender el trabajo que existe detrás de una bebida cotidiana. En Biscucuy, la tradición cafetalera se encuentra además con una experiencia de desarrollo local que lleva años intentando convertir ese conocimiento agrícola en una actividad con mayor valor para sus productores.
El recorrido por Chabasquén y Biscucuy ofrece así una mirada diferente a Portuguesa: no la de las grandes extensiones agrícolas de las llanuras, sino la de sus montañas, caminos rurales y pequeñas unidades productivas. Es un territorio donde el paisaje cambia, el ritmo también y el café se convierte en una manera de conocer la región desde sus propias fincas y comunidades.
La ruta del café portugueseño invita, en definitiva, a detenerse. A mirar las montañas que rodean los cultivos, escuchar a quienes trabajan la tierra y seguir el camino del grano desde la planta hasta la taza. En ese trayecto, Biscucuy y Chabasquén ofrecen dos puntos para descubrir una de las tradiciones agrícolas más arraigadas de las tierras altas de Portuguesa.




























