La abogada y defensora de derechos humanos Rocío San Miguel habló por primera vez públicamente tras recuperar su libertad plena, luego de que un tribunal la absolviera de los cargos que enfrentaba por el caso Brazalete Blanco.
Durante la entrevista con Shirley Varnagy, transmitida este lunes por Circuito Onda, de Unión Radio, San Miguel relató las condiciones que enfrentó durante casi dos años de detención, las consecuencias sobre su salud y el impacto que tuvo el proceso en su familia.
San Miguel fue detenida el 9 de febrero de 2024 en el aeropuerto internacional de Maiquetía, cuando se disponía a viajar junto con su hija. Según recordó, permaneció varias horas retenida bajo una “alerta silenciosa” antes de ser trasladada a la sede de la DGCIM en Boleíta. “Allí comenzó el infierno”, afirmó.
Durante su permanencia bajo custodia sufrió una caída en agosto de 2024 que le provocó una fractura. El diagnóstico llegó meses después y fue operada en abril de 2025. “Ocho meses fracturada, eso suena fácil, pero es complicado”, relató.
También recordó los momentos de quiebre emocional provocados por la separación de su familia, hasta el punto de iniciar una huelga de hambre para conocer qué había ocurrido con su hija. Después de un año y diez meses pudo comunicarse telefónicamente con su hermano.
En El Helicoide, explicó, permanecía en un estado de alerta permanente. Encontró en la fe y la lectura algunas herramientas para sobrellevar el encierro, aunque también pasó largos períodos sin poder hacer ejercicio y cuatro meses sin recibir luz solar.
El 8 de enero de 2026 fue excarcelada bajo medidas cautelares y salió de Venezuela rumbo a España. Allí permaneció cinco meses acompañando a su hermano Miguel Ángel, quien padecía cáncer y finalmente falleció. Su regreso a Venezuela se produjo en mayo de 2026 para continuar enfrentando el proceso judicial.
Mientras todavía estaba detenida, en diciembre de 2025 recibió de su hija la noticia de que estaba embarazada. Su nieto nació el 8 de agosto de 2026, una experiencia que describió como una fuente de esperanza en medio de uno de los períodos más difíciles para su familia.
San Miguel también agradeció las gestiones del expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, a quien atribuyó intervenciones que permitieron su atención médica y facilitaron la salida de su hermano hacia España. “El ruido exterior no debe menoscabar el agradecimiento genuino”, sostuvo.
Tras la sentencia absolutoria del 2 de octubre, San Miguel dijo que celebra haber recuperado la libertad plena, pero mantiene su preocupación por quienes permanecen detenidos por razones políticas.
“Creo que doy las gracias, pero con ese corazoncito triste por las personas que se quedan adentro y por supuesto por el resto de los presos políticos que tienen que salir en libertad”, expresó.
La defensora aseguró que la experiencia no modificó su compromiso con la contraloría ciudadana, la exigencia de transparencia y la defensa de los derechos humanos. También afirmó que ahora tiene una mayor sensibilidad sobre los cambios que considera necesarios en los cuerpos de inteligencia, la justicia militar y el sistema penitenciario.
“La culpa es del victimario, no de la víctima”, afirmó al referirse a las consecuencias personales de lo vivido durante su detención.





























